Poki reviews 'Bring me your love'

¿Qué pasa cuando juntas las historias de Charles Bukowski y las ilustraciones de Robert Crumb? Para los que no les conocéis, el primero resume su formación afirmando que “Los hospitales, las celdas y las putas son las universidades de la vida.

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Remixando sketchismo

Para los que todavía no lo habeis visto, os dejo el remix de las sobras del TDV (The DAB Video).

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Pollo a la Poki

La imaginación culinaria de un estudiante que vive fuera de casa siempre acaba refinando platos accesibles a todos los publicos, baratos de cocinar y si dicho estudiante además tiene una tendencia a tener hambre constantemente, pues pueden salir auténticas joyas no aptas para celíacos.

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Crítica a una serie: "Boardwalk empire"

Supongo que todos los amantes de las películas y series de mafiosos conocerán esta serie, pero hay mucha gente que no la conoce. Estamos en el "boom" de las series, hay muchas, buenas, malas, de comedia, drama y luego están las de HBO. "Boardwalk empire" es de HBO y el episodio piloto lo dirige Martin Scorsese, por eso es la puta caña.

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Poki Reviews 'La palabra pintada & ¿Quién teme al Bauhaus feroz?'


La palabra pintada & ¿Quién teme al Bauhaus feróz?
Tom Wolfe
Anagrama (2010)

La arquitectura por su lado, con un trasfondo socialista, se dedicaba a construir casas para obreros. Sin ornamentos ni burguesadas, alejándose lo más posible de ese servilismo a la clase adinerada o eclesiástica, para quienes se había construido los mejores edificios a lo largo de toda la historia. Wolfe desarrolla con ojo crítico, una retrospectiva y un poco ácido toda la escena. Nos cuenta con gracia las luchas entre las escuelas de arquitectura norteamericanas, esas guerras de camarillas, pero que aún así, coinciden en haberse plegado a los “cajas blancas” importadas de Europa por los alumnos de la Bauhaus. Wolfe insiste en repetidas ocasiones en esa idea de que los arquitectos norteamericanos no han sabido elaborar un estilo propio, salvo tal vez Frank Lloyd Wright – a quién por momentos critican.
Estas dos obras que aunque no tienen necesariamente por qué ser leídas conjuntamente, toman más relevancia unidas por constituir juntas una crítica al arte contemporáneo, por haber convertido el arte en algo teórico más que práctico. Más claro agua “el Arte Moderno se ha vuelto completamente literario: las pinturas y otras obras sólo existen para ilustrar el texto” sentencia el afamado neo-periodista.
En realidad, seis años separan La palabra de pintada de ¿Quién teme al Bauhaus feroz? Pero el trasfondo de la crítica es parecido. Tom Wolfe resume el cambio en el arte del siglo XX en que se ha pasado de “ver es creer” al más exquisito “creer es ver”. Las teorías de Clément Greenberg, Harold Rosenberg y Leo Steinberg pasarían a rellenar las páginas de la historia y no así las piezas de Pollock, De Kooning, Jasper Johns o Rauschenberg. Esta no es más que la conclusión que saca Wolfe, pero el libro repasa de manera un poco rápida y con idas y vueltas en el tiempo que llegan a perder en un mar de nombres, corrientes y movimientos al amateur del arte. Pero el hecho de que el no-entendido se pierda con muchos de estos nombres es otro síntoma de la misma enfermedad que diagnostica el autor, y es que “el público no está invitado”. El arte, según Wolfe, ya no tiene porque pasar la aprobación del publico, casi ni siquiera la de los compradores. Los “nuevos ricos” se encargan de comprar costosas obras de arte, según lo que creen que es lo más nuevo y rompedor.
El libro es una buena herramienta para la masa de la gente que opina, generalmente, hoy en día que el arte ya no tiene ningún sentido y que no vale nada. Les proporciona unos cuantos argumentos, pero no desde la ignorancia sino al contrario, desde el conocimiento y con un análisis histórico de los movimientos culturales de la época. Sin embargo es una crítica constructiva, argumentada, y qué mejor que escrita con la pluma ácida de Wolfe, que consigue sacarnos unas sonrisas hablando de un tema del que abundan más los tratamientos más académicos y aburridos. No es un libro para quién no tienen ningún interés en el arte, pero si se tiene curiosidad por la materia, es de una gran utilidad. Sin duda una gran lección sobre la historia del arte, pero conviene empaparse previamente con un buen paquete de información sobre las corrientes artísticas para entender mejor lo que critica Wolfe. Sin entender ni conocer el punto de vista de lo artistas de las corrientes retratadas en las páginas de esta obra, las opiniones sacadas de ella serían superficiales e incompletas. Aun así, Wolfe no critica el arte en sí, me refiero a las obras; no pone en cuestión realmente su calidad artística ni su belleza, tal vez un poco sí en el caso de los cubos de la Bauhaus y sus súbditos,  sino su especie de perdida de rumbo y más precisamente el hecho de que la teoría prevalezca sobre las obras materiales. En el caso de la arquitectura, ataca principalmente el exceso de funcionalismo a la hora de proyectar viviendas y algunas incoherencias a la hora de innovar con sus propios dogmas.
De los cubistas a los minimalistas, junto con todas las camarillas de arquitectos que se dedican más a hacer cubos blancos sobre papel y elaborar teorías cada vez más incomprensibles, se salvan muy pocos. Wolfe pone a caldo a todo ese mundo

3 comentarios:

  1. Frank Lloyd White vale tanto como una cría que decora el apartamento de su Stacy Malibu.

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  2. Vamos que Wolfe hace aquí lo mismo que los dadaistas o, ¿cómo? El arte va tener siempre sus adoradores y sus detractores. Al final es como todo, cuestión de modas y gustos.

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