Yo nunca he sido muy de poesía, los libros que nos han mandado en el cole siempre me han resultado un tanto empalagosos. Pero cuando mi aita me dió este librillo de apenas 67 páginas, con esta llamativa portada, no tardé en echarle un vistazo. Por experimentar, más que nada. Sorprendentemente no me desagradó, ni me aburrió, y creo que a alguno os gustará el tono con el que nos habla. Además, habiendo escrito un manifiesto titulado 'La bofetada al gusto del público', no podía dejar de presentaros a mi nuevo amigo Maiakovski.
Vladimir Maiakovski
La Nube en Pantalones (1915)
Vladimir Vladimirovich Maiakovski (Georgia, 1893 - Moscú, 1930), el poeta de la blusa amarilla, el "vocinglero-jefe" del futurismo ruso. En 1913, en San Petersburgo, publica su primer libro de poemas en que que hace gala de esas imágenes musculosas, fuertes, que escandalizan al pequeño burgués... y le echan de la Escuela de Artes de Moscú. Cuando la revolución de 1917 desplaza a la personal e incruenta revuelta de Maiakovski, ese se une a ella entusiasmado. No duda en lamer "esputos de tisis con la lengua áspera de los cárteles", y critica ahora al victorioso burocratismo del nuevo régimen. Pero su extrema corpulencia poética comienzan a quedarle estrechos los marcos siempre rígidos de la literatura partidista. A finales de los años veinte emprende un viaje en el que visita, entre otros países, Cuba y los EEUU. En 1930, angustiado por causas literarias y extraliterarias (estas últimas casi seguro predominantes), se dispara un tiro en su departamento moscovita.
¡Ahí tienen!
Dentro de una hora, a ese limpio callejón
fluirá vuestra adiposidad hombre a hombre como gotas de grasa,
y yo que les he abierto tantos cofres de versos,
yo, pródigo derrochador de palabras sin precio.
Usted, señor, por ejemplo, tiene col en el bigote
de una sopa dejada a medias en alguna parte.
Usted, señora, por ejemplo, con su cara repintada de blanco
parece una ostra que asoma entre la concha del vestido.
Todos ustedes, tan sucios, con chanclos o sin ellos,
se han trepado a la mariposa del corazón poético.
La turba se restriega enfurecida
y eriza sus patitas de pulga multicéfala.
Y si a mí, un huno rudo,
no me dan ganas hoy de mostrarme simpático
lanzaré una carcajada y les escupiré,
les escupiré a la cara alegremente,
yo, pródigo derrochador de palabras sin precio.
1913
QUE GRANDE!
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