Poki reviews 'Bring me your love'
¿Qué pasa cuando juntas las historias de Charles Bukowski y las ilustraciones de Robert Crumb? Para los que no les conocéis, el primero resume su formación afirmando que “Los hospitales, las celdas y las putas son las universidades de la vida.

Remixando sketchismo
Para los que todavía no lo habeis visto, os dejo el remix de las sobras del TDV (The DAB Video).

Pollo a la Poki
La imaginación culinaria de un estudiante que vive fuera de casa siempre acaba refinando platos accesibles a todos los publicos, baratos de cocinar y si dicho estudiante además tiene una tendencia a tener hambre constantemente, pues pueden salir auténticas joyas no aptas para celíacos.

Crítica a una serie: "Boardwalk empire"
Supongo que todos los amantes de las películas y series de mafiosos conocerán esta serie, pero hay mucha gente que no la conoce. Estamos en el "boom" de las series, hay muchas, buenas, malas, de comedia, drama y luego están las de HBO. "Boardwalk empire" es de HBO y el episodio piloto lo dirige Martin Scorsese, por eso es la puta caña.

un tipo duro (parte III)
Algo pasó en aquel taxi. Algo bastante evidente. Que no tenía dinero. Pero no tenía por qué haber pasado nada. Solo tenía que llevarme a la frontera, parar, y yo salir corriendo como alma que lleva el diablo. Un plan sencillo. Pero en trayectos largos, a veces, el contrareembolso no funciona y te piden el dinero antes. Es lo que pasó a mitad del trayecto en algún lugar entre Rentería y Oiartzun. Recuerdo que hice el paripé buscando entre los bolsillos, pero yo sabía que no había nada, solo teatro, puro teatro. El viejo, gordo, calvo, y gafotas me cazó. Lo siguiente fue un acelerón, unas curvas rápidas, unas subidas y bajadas, un camino muy oscuro, la puerta abierta, y un empujón para que saliese del taxi. Tropecé y me quedé en el suelo, mirando aquel taxi alejándose en la oscuridad, hasta que ya no hubo nada. Estaba perdido y con frío, Fui a echar mano del móvil para llamar a alguien, cualquiera, pero ni tenía tapa ni tenía batería. Tampoco cartera. Me la debí dejar en el salpicadero del taxi cuando rebusqué por los bolsillos. Llegué a temer por mi vida, porque solo veía arboles, campo y algún caserío que otro cuando la luna los iluminaba. No tenía ni idea de donde estaba el norte. Así que lo que hice fue intentar volver por donde se fue el taxi. Durante unos minutos fue fácil la cosa, hasta que encontré una bifurcación. ¿A donde tenía que ir? Bueno, pensé que no era tan grave, pues oía grillos, y eso, si los documentales de La2 eran correctos quería decir que en un par de horas amanecería y ya me ubicaría. Tomé el camino de la derecha, siempre derecho y pasados unos diez minutos llegué a un lugar algo más urbano, con caseríos a los dos lados y grandes matorrales. Tenía tanto frío que llegué a pensar en llamar a alguna casa de esas.
Pero acercándome a una de ellas oí ladridos de algo grande. Algo que debía ser todo boca y dientes, una trituradora con rabo. Decidí no moverme y echar para atrás. Aquél hijo de puta de pastor alemán salió de entre los arbustos de un caserío a lo lejos, y tuve que correr más de lo que iba a correr con el taxista al que iba a estafar. Me tuve que subir a un altillo en el arcen de la carretera y subirme a la rama baja de un estúpido árbol para que el chucho me dejase en paz. No sabría decir cuanto tiempo estube allí escondido entre zarzas. Pero cuando bajé de aquél lugar salí corriendo cuesta abajo, me tropecé y me pegué un talegazo impresionante contra el asfalto. Sangraba de la rodilla, cojeaba, y tenía hambre y frío. Ojalá hubiera matado a aquel perro de mierda y me lo hubiera comido.
Anduve y anduve y anduve y descansé y seguí andando. Calculé que llevaba casi dos horas dando vueltas en círculos. El puto Vietnam no debía de ser más duro que aquello. Bueno, no tan en círculos porque algo me sonó. No sabría decir si fué un edificio, una curva, una rotonda, o un árbol. La cuestión es que conocía algo de ese lugar. Definitivamente eso era Oiartzun, y pude llegar al Topo. Ya había amanecido como me dijo Pepito grillo.
Me examiné bien las heridas, los moretones y demás mierdas. Estaba echo una auténtica mierda, un auténtico Bear Grylls sin camaras ni trampas, con hambre, sed, frío y sueño. Llegó el Topo, así que subí a él, me puse la capucha y me desmayé.

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