Cuando se pasa
la última página de ‘En el camino’ se siente ese cosquilleo en la parte trasera
del cerebro que te hace reflexionar sobre porqué tu vida de joven universitario
no es tan emocionante. No puedes evitar que ronde por tu cabeza de peón del
sistema, la idea de coger tu mochila con algo de ropa y un par de libros (entre
ellos ‘En el camino’ para leerlo por tercera vez) y escaparte por una temporada.
Olvidarte por unas semanas de tu aburrida rutina, de los exámenes,
presentaciones y demás trabajos que te piden en esa licenciatura en la que te
metiste, en parte, porque es lo que esperaban tus padres que hicieras, y toda
tu familia, y la sociedad.
No digas a mama que leo ‘En el camino'
Jack Kerouac
En el camino (1957)
Editorial Anagrama
10,50€
No tienes lo que
hay que tener. Crees que tú eres más responsable y que “la vida no es jauja”,
pero en el fondo sabes qué es lo que realmente quieres hacer. ¡Oh, dilema sin
fin! Hacer lo que pide el deber o lo que quieres hacer. Tu madre repetía
incesantemente eso de “haz primero los deberes y luego tendrás todo el fin de
semana para hacer lo que quieras”.¡Ja! Yo siempre fui más partidario de irme
primero a la calle y hacer los deberes el domingo a todo correr.
Pero volviendo a
la novela, a finales de los años 40 y principios de los 50, Sal Paradise
(pseudónimo de Jack Kerouac) decide coger el poco dinero que tiene, de la
pensión de veterano de guerra, y cruzar el país de la Coca-Cola y las
hamburguesas en autostop, en plan low-cost. Desde Nueva York hasta San
Francisco, pasando por el corazón de Norteamérica, Denver. Resuena el jazz de
Miles Davis y Dizzy Gillespie entre las páginas, y huele a hierba, y se
acompaña la lectura con vino de Oporto, o lo que tengas a mano.
‘En el camino’
es en principio una novela autobiográfica. Se etiquetó la técnica de escribir
de Kerouac como “prosa espontánea”, pero hoy en día podríamos actualizar el
concepto a “escritura en streaming”. Como los vídeos de youtube, que se va
viendo a la vez que se va descargando, o escribiendo según va sucediendo.
En esa época no
fueron pocos los que sintieron el cosquilleo que comentaba unas líneas más
arriba, y es que esta novela fue algo así como un catalizador para muchos
jóvenes. Se llamarían la generación Beat, precursores de lo que luego sería el
movimiento hippie de los 60 y todas esas historias de ácido lisérgico,
furgonetas con flores y colorines, largas melenas, y en vez de Davis y
Gillespie se escuchaba a Hendrix y a los Jefferson Airplane (aunque se le
considera más heredero de Kerouac a Bob Dylan por su poesía extraída de las
campas de la America profunda). De hecho se podría considerar este libro como
la partitura de un buen tema de be bop,
por la improvisación, mezclado con un poema de Dylan.
Pero el libro no tendría ni la
mitad de la épica que lo rodea si no fuera por uno de los personajes más locos
y emocionantes que he conocido en libros: el gran Dean Moriarty (alias de Neil
Cassady, amigo de Kerouac). Es el verdadero protagonista de la novela. Cuando
están juntos, Dean es el guía; cuando no, es el faro hacia el que Sal Paradise
debe dirigirse. Allá donde esté Dean, y cuando empieza la primavera, Sal no
puede evitar coger la mochila e ir a su encuentro. A ver que se trae entre
manos. Dean es un jóven adicto a las emociones fuertes y al jazz de rítmos
frenéticos, y a las anfetaminas.
Siento la necesidad de contar unas cuantas cosas más sobre En
el camino, pero temo robaros parte de la emoción de leer este pedazo de libro,
todo un clásico del siglo XX. Si con todo lo que os he desvelado todavía no os
han entrado ganas de ir a la librería más próxima a por él, sólo añadir que los
improvisados viajes de Sal Paradise y Dean Moriarty no escasean en historias de
encuentros con desconocidos personajes interesantes, noches de juergas
frenéticas y largos viajes en carretera a toda velocidad por todo el continente
norteamericano (México incluido). En la página 29 me encontré con la frase que,
en mi humilde opinión, describe a la perfección de lo que trata este libro: “Estaba a medio camino atravesando América,
en la línea divisoria entre el Este de mi juventud y el Oeste de mi futuro, y
quizá por eso sucedía aquello allí y entonces, aquel extraño atardecer rojo”.
Muchos de nosotros, creo, nos encontramos a menudo parados pensando en qué será
de nosotros, y recordando cómo era cuando eramos chavales. Sal Paradise decidió
coger una mochila y lanzarse a la carretera y tal vez encontrarse a sí mismo.
PD: Pronto saldrá a la luz la
versión cinematográfica de la obra maestra de Kerouac, pero os recomiendo que
primero disfrutéis de las páginas y luego ya veremos cómo se lleva a la gran
pantalla.
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| Jack Kerouac escribió 'En el camino' en tres semanas en un mismo rollo de papel con su máquina de escribir. Hoy en día el rollo de papel original con la novela se puede visitar en el museo Boott Cotton Mills en Lowell, Massachusetts su pueblo natal |
Ah, y si lo leéis y os gusta, no dudéis en ir a por los dos libros que siguen a ‘En el camino’, ‘Los vagabundos del Dharma’ cuando Kerouac vive un trance budista y ‘Big Sur’ cuando ya es un escritor famoso alcohólico perdido al borde del suicidio en el fondo de un vaso.
Los vagabundos del Dharma está muy bien y tengo En el camino pero soy vago y necesito empleo y no puedo concentrarme ni en leer el puto titulo
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